UNA BOLIVARENSE PODRÁ SALUDAR PERSONALMENTE AL PAPA LEÓN XIV EN SU VISITA A ARGENTINA
Celia “Tatá” Moncany, catequista bolivarense que desde hace 12 años lleva el mensaje de Cristo a la Unidad Penitenciaria, tendrá la posibilidad de saludar personalmente al papa León XIV durante su próxima visita a la Argentina. Aunque todavía no le confirmaron la fecha ni el lugar del encuentro, la noticia la tomó por sorpresa y con una profunda emoción. Su labor evangelizadora dentro de la cárcel, donde acompaña a los internos junto a un grupo de colaboradores, se convirtió en una parte fundamental de su vida y en una experiencia que define como estar en su “segundo hogar”.
“Todavía no caigo”, reconoció Tatá al referirse a la posibilidad de encontrarse con el Sumo Pontífice. La catequista explicó que la oportunidad surgió a partir de gestiones de una de sus hijas y afirmó que este momento también representa una sorpresa que no termina de comprender. “Cuando me lo dijeron, se me cayeron las lágrimas porque no podía creer que fuera para tanto, porque, como lo vengo haciendo hace 12 años a esto de ir a la cárcel, para mí es algo muy común”, contó.
La historia de Tatá dentro de la Unidad Penitenciaria comenzó después de participar de un retiro espiritual, cuando sintió que podía hacer más por los demás. Un amigo le propuso acercarse a la cárcel para brindar catequesis y ella aceptó, pese a no tener experiencia previa en ese ámbito. Durante los primeros dos años concurrió sola y, posteriormente, se sumaron el padre Mauricio Scoltore y otros colaboradores. Actualmente, son cuatro las personas que llevan adelante esta tarea. “Me di cuenta que lo único que tenés que llevar ahí es amor, aunque no sepas nada de otra cosa”, expresó al recordar sus comienzos.
Con el tiempo, el trabajo evangelizador permitió desarrollar distintas actividades religiosas dentro de la unidad, entre ellas bautismos, casamientos, confesiones, comuniones y confirmaciones. Tatá también destacó la construcción de una capilla, que fue posible gracias a la donación de materiales y la mano de obra de los reclusos. Su inauguración tuvo un reconocimiento especial: el papa Francisco les envió un video y una carta escrita de su puño y letra para felicitarlos por la iniciativa. Además, recordó una celebración en la que 20 internos recibieron los sacramentos de la confesión, la comunión y la confirmación. “Es mi segundo hogar”, afirmó sobre el lugar, donde, según contó, los internos la reciben con abrazos y la llaman “abuela”, “mamá” o “Tatita”.
Mientras espera conocer los detalles del encuentro con León XIV, la catequista prepara un presente que llevará el sello de su tarea cotidiana: 100 rosarios confeccionados por los propios internos de la unidad penitenciaria. También les pidió que se fotografiaran mientras los realizaban, para entregar esas imágenes junto con los rosarios.
“Yo, como creyente que soy, pongo toda mi vida en manos de Dios y le digo: ‘Bueno, Señor, hacé de mí lo que vos quieras y como vos quieras, que va a ser mejor que si lo dirijo yo’”, explicó sobre cómo se prepara para vivir esta experiencia. Para Tatá, la posibilidad de saludar personalmente al Papa constituye una alegría inesperada, que recibe con emoción y desde la misma fe que desde hace 12 años la impulsa a acompañar a quienes están privados de su libertad.