LA BIBLIOTECA RIVADAVIA CUMPLIRÁ ESTE JUEVES 115 AÑOS DE HISTORIA Y SERVICIO A LA COMUNIDAD

Hay lugares que una ciudad no necesita señalar en un mapa porque los lleva guardado en su memoria.

El próximo 15 de octubre, la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia de Bolívar cumple 115 años. Más de un siglo después de aquel grupo de vecinos que decidió apostar por los libros y por el acceso a la cultura, la institución continúa siendo una de esas casas que forman parte de la memoria afectiva de una comunidad.

En los primeros años del siglo XX, un grupo de vecinos de Bolívar comenzó a pensar en la necesidad de contar con una biblioteca abierta a la comunidad. Existe constancia de un primer intento de organización que data de 1908. Aquella iniciativa, nacida fundamentalmente del impulso de mujeres vinculadas a la educación, buscaba algo que hoy puede parecernos sencillo, pero que entonces encerraba una enorme vocación transformadora: crear un espacio donde los libros estuvieran al alcance de todos. La iniciativa atravesó años complejos. Los conflictos sociales y políticos que vivió Bolívar en 1910 hicieron que aquella primera comisión quedara en suspenso. Pero la idea no desapareció.

Finalmente, el 15 de octubre de 1911, la Biblioteca Popular toma forma institucional. Esta Casa nacía así de una convicción profundamente comunitaria: que el acceso a los libros y al conocimiento debía ser un derecho y una posibilidad compartida.

Y muy pronto comenzó a construir su patrimonio, hacia diciembre de 1911, la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia contaba ya con 1.400 volúmenes. Es un dato que sorprende cuando se piensa en los escasos meses transcurridos desde su organización y que habla del entusiasmo que despertó aquella iniciativa entre los vecinos.

Desde entonces pasaron 115 años.

Pasaron generaciones de lectores, bibliotecarios, dirigentes, colaboradores y vecinos. Pasaron libros que fueron leídos por una persona y luego por otra y por otras. Pasaron niños que llegaron buscando cuentos, jóvenes que encontraron allí un lugar para estudiar, adultos que consultaron un libro, prepararon un examen, buscaron una historia o simplemente se sentaron a leer.

Y pasaron también muchas transformaciones.

Porque una biblioteca popular nunca es solamente una colección de libros.

La Rivadavia fue ampliando su papel hasta convertirse en un espacio cultural en el sentido más amplio de la palabra. A los libros se fueron sumando presentaciones, música, literatura, plástica, talleres, charlas y encuentros. La institución fue haciendo de sus salas un lugar para que artistas, escritores, músicos, docentes y vecinos pudieran encontrarse.

A lo largo de más de un siglo de labor ininterrumpida, ha incorporado a su actividad originaria de préstamo de libros distintas realizaciones artísticas que enriquecieron su acción cultural y permitieron que los bolivarenses fueran no sólo destinatarios, sino también protagonistas.

Esa palabra —protagonistas— quizás sea una de las mejores maneras de explicar qué significa una biblioteca popular.

Porque la historia de la Rivadavia no se escribió solamente en sus libros. Se escribió también en las personas que la hicieron posible.En quienes durante décadas integraron sus comisiones directivas. En quienes trabajaron allí. En quienes donaron libros. En quienes organizaron una actividad. En quienes colaboraron cuando hubo que sostenerla. En quienes entendieron que cuidar una institución cultural también es una manera de cuidar a la comunidad.

Y entre esas historias hay una particularmente significativa: la de Pedro Barnetche, cuyo legado transformó profundamente la realidad de la institución.

Barnetche, fallecido en 2006, destinó parte de su patrimonio a distintas instituciones de Bolívar. La Biblioteca Rivadavia fue una de las beneficiarias de ese legado, que permitió, entre otras cosas, concretar el auditorio que lleva el nombre de María B. de Barnetche y realizar importantes obras de infraestructura. El entonces presidente de la institución, Julio Fal, definió ese aporte como uno de los legados particulares más trascendentes de la historia de la ciudad.

Es también parte de la historia de una biblioteca que supo atravesar épocas muy diferentes. Porque 115 años también significan haber visto cambiar el mundo.

La biblioteca que nació cuando los libros eran objetos físicos, cuando la información circulaba a otro ritmo y cuando Bolívar era una ciudad muy distinta, hoy convive con lectores que llegan desde un teléfono, una computadora o una pantalla. Sin embargo, hay algo que no cambió: la necesidad de encontrarnos alrededor de la palabra, del conocimiento, de las historias y de la imaginación.

Quizás por eso las bibliotecas populares siguen teniendo sentido.

Porque en ellas el libro no es solamente un objeto. Es una puerta. Una puerta hacia otros mundos, hacia otras ideas, hacia otras voces. Una puerta que puede abrirse a cualquier edad y que, una vez abierta, difícilmente vuelva a cerrarse del todo.

Este 15 de octubre, cuando la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia cumpla 115 años, no se celebrará solamente una fecha. Se celebrará la perseverancia de una idea. La de aquellos vecinos que, hace más de un siglo, entendieron que una comunidad también se construye alrededor de los libros. La de quienes sostuvieron esa idea durante generaciones.

Y la de quienes hoy continúan escribiendo la historia de esta casa de Las Heras 80, haciendo que sus puertas sigan abiertas para leer, aprender, crear, escuchar, compartir y encontrarse.

Porque una biblioteca popular se parece mucho a un libro: guarda historias que vienen de lejos, pero nunca está terminada.

Cada lector que entra agrega una página. Y la Rivadavia, después de 115 años, todavía tiene muchas páginas por escribir.

Gacetilla de prensa

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