RUTA 65: UN PARCHE QUE DURÓ HORAS, UNA DEUDA PENDIENTE Y UNA GESTIÓN QUE URGE

Fotos: Signos 101.1 Urdampilleta

El arreglo que realizaron trabajadores municipales (aunque no les correspondiera) en el cráter ubicado sobre la Ruta Provincial 65, en el tramo que une Bolívar con Urdampilleta, pasó a ser historia en cuestión de horas. La intervención, que buscaba dar una respuesta a uno de los tantos problemas que presenta la ruta, evidenció rápidamente su fragilidad y volvió a dejar al descubierto una realidad preocupante: transitar por ese sector continúa siendo un riesgo.

Es cierto que el Municipio de Bolívar no tiene bajo su responsabilidad el mantenimiento de una ruta provincial. Sin embargo, también es lógico que intente dar respuestas ante un problema que afecta directamente a sus vecinos. La cuestión de fondo es que no alcanza con parches aislados ni con intervenciones que no resisten el paso de las horas.

No se trata de un inconveniente nuevo. El estado de la Ruta 65 viene generando reiterados pedidos de solución por parte de quienes la utilizan a diario, con planteos realizados en ámbitos municipales, provinciales y nacionales. Sin embargo, la política, ya sea con efusivos reclamos o con gestiones reales, poco se ha expresado al respecto.

Las imágenes que comenzaron a circular en las redes sociales muestran cómo quedó nuevamente el sector. Mientras tanto, quienes deben transitar por allí se enfrentan a una situación que exige extrema precaución y que puede tener consecuencias irreparables. La Ruta 65 se ha convertido en una trampa para los conductores, con sectores deteriorados que aumentan el peligro de accidentes y ponen en juego la vida de quienes circulan por ella.

En este contexto, resulta indispensable tomar medidas de prevención inmediatas. Señalizar correctamente cada tramo en mal estado, advertir sobre los pozos y hacer visibles los sectores más peligrosos son acciones básicas que podrían contribuir a reducir los riesgos mientras se espera una solución definitiva. No reemplazan la reparación de la calzada, pero pueden ayudar a evitar que la falta de advertencias agrave todavía más una situación delicada. No vendría mal un cartel que diga “Ruta Detonada”, aunque ello no le gustase al gobierno provincial.

Hace falta un reclamo contundente, sostenido y con representación de todo el arco político, que exija a las autoridades competentes la reparación integral y la repavimentación urgente de la Ruta 65. Porque la seguridad vial no puede depender de arreglos provisorios ni de la suerte de quienes transitan por ella. Y porque esperar a que ocurra una tragedia para actuar no debería ser una opción.

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