SIEMPRE MESSI… PERO CON DIEZ MÁS
Una vez más, Lionel Andrés Messi dio una función a la altura de su historia, con dos goles que lo posicionan no sólo como el goleador de esta Copa del Mundo, sino como el goleador más importante de la historia de los Mundiales, con 18 tantos en 28 partidos. Una marca que probablemente no sea inigualable, porque hay otros jugadores con futuro, con proyección, como puede ser Mbappé, que a lo mejor un día la superen. Pero sin duda es una marca que no deja de asombrar a propios y a extraños, sobre todo teniendo en cuenta que Messi no es y nunca fue un nueve de área, sino un creador de juego con una magnífica cualidad para anotar goles.
Pero no quiero redundar otra vez en la figura de Messi. Ya hice eso en el primer partido y volver a escribir algo así sería repetirme sobre lo ya dicho. No hay muchas palabras más para describir lo que significa Messi para el presente y para la historia del fútbol argentino.
Quiero detenerme hoy en otra cuestión de este partido, que es que además de Messi, hubo otros diez hombres dentro de la cancha para sostener el triunfo de la selección nacional. Porque hasta que llegó el segundo gol de Messi, ya en tiempo de descuento, y cuando hacía un buen rato que el 10 no tocaba la pelota, hubo otros diez jugadores que se rompieron el alma para que Argentina siguiera con su valla en cero.
Una vez más, los centrales fueron una garantía de confianza. Primero, Cuti Romero y Lisandro Martínez. Después, Otamendi, cuando ingresó por Romero. Lo propio, una vez más, Facundo Medina, que demostró que tranquilamente puede ser el lateral izquierdo de la selección. Un escalón por debajo estuvo lo que hoy produjo Nahuel Molina. Pero aun así, la defensa de Argentina fue quizá hoy el punto más sólido del equipo.
El mediocampo, lo de siempre: intensidad y recuperación para distribuir cuando se puede y para morder cuando hace falta. De Paul jugó otra vez un primer tiempo superlativo y en el segundo dio todo lo que pudo hasta que no pudo más y ahí, atento, siempre atento, el cuerpo técnico de la selección argentina decidió reemplazarlo por un Leandro Paredes que cumplió aunque se lo notó con falta de fútbol. Pero De Paul, junto con Mac Allister y con Enzo Fernández, más el fútbol y también la entrega que esta vez le aportó Thiago Almada a la selección, construyeron un tándem del mediocampo que fue espectacular.
¿Y qué decir de Lautaro Martínez? Ese artillero que tampoco admite demasiadas objeciones en cuanto a su rol de goleador y que en este equipo no solamente sabe relegar su centralismo en pos de un Messi que obviamente centraliza todo, sino que además sabe que tiene que jugar para el equipo, sabe que la única manera de poder jugar en este equipo es jugando para el equipo. Y hoy Lautaro Martínez dejó la vida dentro de la cancha hasta que fue reemplazado por Julián Álvarez.
Argentina hoy fue un equipo de hombres que, claro, tiene al mejor de todos, probablemente el mejor de todos los tiempos, pero que además tiene otros diez hombres que nunca lo dejan a gamba y lo acompañan para seguir haciendo historia.
El camino es largo, pero hay que recorrerlo, y recorrerlo de la mano de estos jugadores y con Messi vistiendo nuestra misma camiseta, hace que todos juntos podamos caminarlo con la ilusión intacta y con mucha más confianza.