SE FUE MARCELO ARAUJO, EL TIPO QUE INVENTÓ UN ESTILO Y LE DIO VOZ A LA ÉPOCA DORADA DEL FÚTBOL ARGENTINO
Cuando a mediados de los 90 empecé a descubrir el fútbol, ese fútbol llegaba a mí por televisión, ya que recién conocí una cancha “de las grandes” cuando mi tío Raúl me llevó a La Bombonera a ver un Boca vs. Bolívar de Bolivia por Copa Libertadores, mientras ya estudiaba periodismo deportivo.
Quizá sea por eso que lo que atrapó no fue sólo el fútbol sino el combo del fútbol narrado. Para mí siempre fue tan importante saber quién jugaba como quien relataba tal o cual partido. Si los relatos eran de Marcelo Araujo, era una garantía de que espectáculo iba a haber. Después conocí a Walter Nelson, a Mariano Closs, más acá en el tiempo a Miguel Simón y a Germán Sosa, otros extraordinarios relatores. Pero el fútbol por tele tenía la voz de Araujo.
La voz y los modos, porque el tipo no reinventó lo que antes ya hacía, por ejemplo, Mauro Viale, sino que inventó otra cosa. Le dio entretenimiento a partidos que no siempre los tenía, nos enseñó los segundos y hasta los terceros nombres de la mayoría de los jugadores de esos tiempos (hoy con suerte sabemos quién juega dónde), construyó junto al notable Enrique Macaya Márquez la mejor dupla de toda la historia y, además, fue el grito con el que me hice coro en aquel 2001 en el que por primera vez en mi vida vi campeón a Racing.
Ya por entonces, me gustaba relatar partidos. El recordado “Ciruja” Daniel Diez me impulsó a que lo hiciera en un Veterano vs. Agrario que él grabó con su cámara. Tendría 13 o 14 años, no mucho más, y de ahí en adelante nunca dejé de hacerlo (o, al menos, nunca dejé de querer hacerlo). Claro que mis relatos tenían un estilo muy distinto, mucho más tímido, menos sólido y menos rítmico, pero durante muchos años soñé con ser Araujo.
La vida después te lleva por donde se le ocurre o por donde se puede, y claramente un Araujo no fui. Pero ese tipo que hoy se murió, generó que nazca en mi una costumbre que me hacía y me sigue haciendo feliz, algo tan simple y probablemente tan inútil como contarle a los demás lo que pasa en una cancha.
No tengo ninguna prueba y muchísimo menos alguna duda de que si alguna vez quise relatar un partido de fútbol fue gracias a Lázaro Jaime Zilberman, para mí, para todos y para siempre Marcelo Araujo.