¿PELIGRA LA REALIZACIÓN DEL TORNEO LOCAL DE FÚTBOL FEMENINO?
Foto: Joaquín Latreite
En nuestras redes sociales, ante algunas publicaciones relacionadas al fútbol vernáculo, surge por parte de lectores o seguidores algún cuestionamiento acerca de la escasa visibilidad del fútbol femenino, algo que, por cierto, no es exclusiva responsabilidad de la prensa. No obstante, esas preguntas fungieron como disparadoras para este artículo que, permítanme spoilearles, no trae grandes noticias.
Todavía con barbijos, allá por finales de 2020 y principios de 2021, un grupo de chicas empezaron a expresarse en los medios con un reclamo genuino: formalizar un campeonato bajo la órbita de la Liga, ya que tanto Independiente, como Empleados y Balonpié tenían su propio grupo de futbolistas. Fue así que en agosto de 2021 se jugó la primera fecha del torneo liguista.
En adelante, hubo una primavera durante 2022 y 2023, en la que incluso la Municipalidad, a través de la Dirección de Género, impulsó un seleccionado bolivarense; y la liga local llegó a tener la nada despreciable cifra de 7 equipos participantes: Independiente, Empleados, Balonpié, Casariego, Atlético Urdampilleta, Bancario y Bull Dog.
Ya en 2024 comenzó el declive. Participaron 6 clubes, con las bajas de Atlético y Bull Dog y la incorporación de Defensores de Guglieri. En 2025 se bajó Guglieri y disputaron la liga sólo 5 clubes.
Para este año, también se bajó Bancario, por lo que sólo están en condiciones de jugar 4 equipos, los 4 de Bolívar. Este ítem es el que hace peligrar el torneo. La pregunta que se hacen los dirigentes y los clubes es ¿cuánto sentido tiene jugar un torneo entre cuatro?.
Más allá de los “off the record”, casi nadie habla de los motivos que llevaron a este declive.
La problemática económica es uno, ya que casi no existen subcomisiones de fútbol femenino, por lo que para los clubes es una categoría más para sostener, ya sea en cuanto a costos de cuerpos técnicos, árbitros, seguros, etc. Además, si bien en un principio, la liga femenina reunía una buena convocatoria de público, no viene ocurriendo lo mismo en el último tiempo.
Da la sensación también de que para algunos dirigentes (no todos y quizás tampoco la mayoría), el fútbol femenino vino a romper los esquemas habituales en las instituciones y, por esto, existe desde la faz dirigencial un compromiso menor al que se le otorga a las divisiones inferiores o a las mayores masculinas.
Otros, muy por lo bajo, hablan de diferentes maneras de encarar la competencia. Mientras en el plano masculino todo es cada vez más profesionalizado, dicen que muchas chicas no acuden a los entrenamientos e, incluso, disputan “turnos” o torneos no oficiales (de fútbol 5, 7, 9 u 11) a la par de la Liga, lo que incide en el índice de lesiones, costos que –dicen- deben absorber los clubes.
También ocurre, y a la vista está, que tanto en Urdampilleta como en Daireaux han mermado la cantidad de jugadoras, al punto tal que las deroenses que aún mantienen la motivación por una competencia liguista decidieron buscar un lugar en clubes de Bolívar o de la Liga Pehuajense.
Será cuestión de esperar a ver qué resuelve la Liga Deportiva de Bolívar, si organiza o no un campeonato de cuatro clubes o bajo qué formato lo hace. (A estar atentos a la actualización de este artículo).
Mientras tanto, se ve necesaria, en caso de seguir buscando el crecimiento de la actividad, una nueva revolución, como la de 2020, con las chicas intentando convencer, convencerse y motivarse de que un certamen liguista es clave.
O, si no, otro camino podría ser comenzar de nuevo pero desde abajo, con formativas y certámenes bien organizados, pero en formato “escuelita” en el que, junto con el desarrollo de las jugadoras, surja el desarrollo sostenido del fútbol femenino, pero con bases propias, de las propias mujeres, a las que tezón y compromiso nunca les ha faltado.