OPINIÓN: “FALKLORE 2”, UN REGALO DE NAVIDAD Y UN RENOVADO CANTO A LA IDENTIDAD

Sé que esto no tiene absolutamente nada que ver con Bolívar, pero tenía ganas de escribirlo y como conozco al dueño de la página me dijo que no había problema, que escriba nomás.

Crecí escuchando folklore. Yo tendría 3 o 4 años y mi abuela René, en el lavaderito que había en el campo, un cuartito de 2 por 1 al lado de un aljibe, ya me hacía escuchar a Los Hermanos Cuestas (mis ídolos de entonces, porque imitaban el sonido de los pájaros que escuchaba en Las Cortaderas), Los Manseros Santiagueños, obviamente Horacio Guarany, y tantos otros. Algún tango también pasaba por ese pasacassetes: recuerdo a Enrique Dumas y a Virgina Luque, Milonga Sentimental, La Canción de Buenos Aires, etc.

Pasé mi adolescencia escuchando folklore. Y ahí no era tan fluido todo. Exceptuando algún caso, no era la música que escucharan mis amigos, como sí lo era la de mi familia. Entonces el folklore pasó a ser algo más mío, de los momentos solitarios más que de los sociales. No faltaba aquel o aquella que, ante la pregunta de qué música escuchaba o me gustaba, se sorprendiese de que mi respuesta fuera: folklore.

No podría decir que alguna vez haya sufrido burlas o bullying debido a mi amor por el folklore, pero sí debo confesar que me sentía un poco “un bicho raro”. Siempre lo había sido: usaba anteojos, era hincha de Racing, escribía poesías, había motivos de sobra para sentir que no me parecía mucho a la mayoría. Pues, bueno, el gusto por el folklore se sumaba a esas otras “rarezas”.

Por eso es que me resulta imposible no emocionarme cuando veo lo que ha crecido el folklore en estos tiempos. Primero con la generación de La Sole, Los Nocheros, Abel Pintos o Luciano Pereyra, que lo sostuvieron entre los 90 y los 2000; después vino otra camada hermosa con Los Tekis primero, Los Huayra después, entre otros. Y ahora apareció este otro fenómeno que son los pibes como Maggie Cullen y, principalmente, Milo J, que aunque no es folklorista ha sido, a mi humilde entender, la persona más influyente del folklore en estos dos años, junto a Mex Urtizberea.

Ayer, 23 de diciembre, se estrenó en Youtube “FAlklore 2” y la verdad es que la sensación es medio indescriptible. Folkloristas (como Sergio Galleguillo o Yamila Cafrune), otros más pop (como Nahuel Pennisi o Abel Pintos), artistas nuevos (como Radamel y el propio Milo), cuarteteras (como Eugenia Quevedo, que canta todo bien), argentinos y hasta uruguayos (como el Negro Rada y Agarrate Catalina) le pusieron el talento y el alma a nuestro folklore.

Ese folklore que me enamora como el primer día, que nos hermana, que nos identifica, que no distingue fronteras, que se amiga con la música toda, que abraza a los grandes y ahora también a los chicos. Ese folklore que es bien nuestro, que no se puede vender ni mucho menos comprar, pero que nos invita a sentir y que sigue siendo parte y testigo de una identidad que, mientras surjan otros “FAlklores”, seguirá con los pies (y la música) en la tierra.

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