“NO PUEDO NOMBRAR UNA SOLA EMOCIÓN, ES INCERTIDUMBRE MEZCLADA CON ALIVIO”: LA VOZ DE UNA VENEZOLANA EN BOLÍVAR
“Creo que en este momento no pudiera nombrarte solo una emoción”. Así resume Gia el presente que atraviesa Venezuela y también su propio sentir. Venezolana, de 24 años, residente en Bolívar desde hace casi cuatro y actual voz de la banda local Cher, es la voz también de muchos de sus compatriotas. “No te niego que es un sentimiento de alivio el poder, después de casi 30 años, salir de esta dictadura, de este régimen autoritario. Pero la que predomina es mucha incertidumbre mezclada con alivio”, confiesa en diálogo con Qué Pasa en Bolívar.
Gia nació y creció bajo el chavismo. “Desde muy chica, en mi familia, predominaba la humildad. Vivimos en casa de familiares, primero en lo de mi abuela, después en lo de una tía. Mis papás siempre se encargaron de llenar las carencias económicas con amor”, recuerda. Durante la infancia no dimensionaba lo que ocurría en el país, pero con los años la crisis se volvió evidente: “Uno se daba cuenta de cómo iba desmejorando la calidad de vida, cómo cada vez a mis papás les costaba más llegar a fin de mes”.
El quiebre llegó con crudeza en la adolescencia. “La peor crisis fue en 2016. No es hasta que uno lo pasa, hasta que uno lo vive, cuando la alimentación se convierte en una supervivencia”, relata. Describe el desabastecimiento, las largas colas desde la madrugada y escenas que marcaron a una generación: “Hacíamos filas desde las 4 o 5 de la mañana por una bolsa de pan. A veces lo único que había para comer era arroz, sardina o nada. Recuerdo que nos cepillábamos los dientes con jabón en polvo para lavar la ropa, porque era lo único que había”.
Hija única, Gia cuenta el impacto emocional de ver a sus padres sin respuestas. “Lo peor era la impotencia de ver a mis papás tan impotentes, sin poder hacer nada, después de haber trabajado toda la vida”. Aclara que, aun así, su historia no fue la más extrema: “Esa era la media. Mucha gente la pasó mucho peor, por eso tanta gente se fue caminando del país”.
Ella fue la única de su núcleo familiar que emigró. Llegó a la Argentina en 2022, con 21 años, en avión, algo que hasta entonces nunca había hecho. “Fue una travesía. Nunca me había montado en un avión ni había pasado migraciones”, cuenta. El destino fue Bolívar, donde ya vivía su entonces pareja. “En Venezuela crecer era asumir que en algún momento te ibas a ir. No era una opción quedarse”, afirma.
La diáspora venezolana es una herida abierta. “La mayoría de mis amigos están repartidos por el mundo: Chile, Perú, Colombia, España. Otros siguen allá”, dice. Y explica el clima de temor que persiste: “Después de las elecciones de julio de 2024 nació lo que se llamó la operación Tuntún. Si te encontraban en el teléfono algo de apoyo o de queja, te convertías en preso político. Hubo menores procesados como terrorismo”.
Sobre la posibilidad de una guerra civil, es cauta pero clara: “No creo que la población esté dividida. La gran mayoría de los venezolanos está contra el régimen. El miedo es más a la represión interna que a un peligro exterior”. Desde Argentina, Gia dice admirar algo que para ella hoy es un privilegio: “Qué bueno que acá todavía exista la democracia. Si no están conformes con quien gobierna, tienen la posibilidad de cambiarlo. Allá llevamos más de seis períodos con la misma gente”.
Respecto de la intervención de Estados Unidos, su postura no es triunfalista. “No es algo lindo ni agradable, pero creo que fue el último medio posible para que la dictadura cayera. Durante casi 30 años se intentó de todo: protestas, denuncias, pedidos a la comunidad internacional. Nunca hubo otra luz de esperanza”, sostiene. Y agrega: “Esto no se termina en dos días, pero creo que es el principio del fin”.
Finalmente, al hablar del futuro, la voz se vuelve más íntima. No ve cercano el regreso definitivo. “Me gustaría volver a visitar, reencontrarme con mi familia y mis amigos, pero hoy no volvería a vivir. Amo mi país, pero me fui muy enojada, muy triste y muy decepcionada”, dice. Entre el miedo, la incertidumbre y algo de ilusión, Gia habla por ella y por millones de venezolanos que todavía esperan.