DAIANA ANDRÓNICO, LA URDAMPILLETENSE QUE ALCANZÓ LOS MÁS DE SEIS MIL METROS DEL VOLCAN SAN FRANCISCO

La urdampilletense Daiana Andrónico, contadora de profesión pero apasionada por el deporte aventura, acaba de cumplir uno de sus grandes sueños: alcanzar los 6.060 metros del Nevado San Francisco, en Catamarca. Conversó con Qué Pasa en Bolívar acerca de los pasos que dio hasta llegar ahí, de sus próximos desafíos y de “las tres cumbres” que hay detrás de cada cumbre.

Su vínculo con la montaña comenzó casi por casualidad, durante un viaje a Tandil. “Estando allá arriba sola, caminando un poco, un tanto introspectiva, empecé a pensarlo. Era una actividad que yo no sabía que existía”, recordó. Ese primer acercamiento derivó en nuevas experiencias, primero en sierras bonaerenses, luego en el cerro Champaquí, en Córdoba, que marcó un antes y un después: “Fue una experiencia hermosa, superemocionante. Jamás pensé que al llegar a la cumbre me iba a generar tanta emoción y ahí descubrí la pasión por esto”.

Desde entonces, Andrónico inició un camino progresivo que incluyó cerros de mayor altura en Mendoza, con preparación física, nutricional y entrenamiento específico. “Siempre digo que las cumbres son internas”, expresó, al describir el impacto emocional de la actividad. Para quienes viven en la llanura, explicó, el desafío es mayor: “La única forma que yo tengo acá de prepararme es físicamente, o sea, la altura no la puedo entrenar”. Esa preparación fue clave para enfrentar el salto de los 4.350 metros a su primer seis mil, un desafío que implicó meses de planificación y adaptación.

La expedición al Nevado San Francisco demandó varios días de aclimatación en altura, controles médicos constantes y la adaptación a temperaturas extremas. “Un día estuve con un poco de dolor de cabeza, el único síntoma que tuve. Lo mejor en esos casos es tratar de estar tranquila y descansar”, contó. Finalmente, el equipo decidió adelantar el intento de cumbre por condiciones climáticas favorables. La jornada decisiva comenzó a las cinco de la mañana y se extendió durante 14 horas de marcha entre ascenso y descenso. “Siempre ante todo uno prioriza la seguridad, la luz del día y poder volver”, señaló.

El momento de alcanzar los 6.060 metros fue, según Daiana, una experiencia difícil de poner en palabras. “Son muchas las cosas que pasan: emoción por lo logrado. Es mucho lo que uno resigna para poder hacerlo. Pensás en los hijos, en la familia, en todos los que están esperando que bajes”, relató. También destacó el desafío físico extremo: “Cuando empezamos a caminar para el intento de cumbre fueron 11 horas de ascenso y tres de descenso. Fueron 14 horas de marcha en total”.

Lejos de pensar en marcas o récords, Andrónico vive la montaña como un proceso de crecimiento personal y aprendizaje continuo. “La montaña es algo a lo que siempre le tuve respeto. Nunca fui sola”, afirmó, al destacar el compañerismo que caracteriza a este ámbito. Además, valoró el lugar de la mujer en esta actividad: “La mujer es muy respetada en la montaña, se la valora y se la respeta mucho”.

De cara al futuro, la urdampilletense mantiene nuevos objetivos en el horizonte, aunque sin apuro. “La gran pregunta cada vez que bajo una montaña es cuál es la próxima”, admitió. Y dejó un mensaje para quienes sueñan con iniciarse en este mundo: “Que se animen. No hay edad para esto, siempre con todos los recaudos”. Para ella, cada expedición tiene tres cumbres: “La primera es cuando uno llega arriba; la segunda, cuando baja sano y salvo; y la tercera es cuando vuelve a casa y se reencuentra con sus hijos, su familia y sus amigos”.

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