A CUATRO AÑOS DE LA DESAPARICIÓN DE JUAN WOLDRYK, UNA AUSENCIA QUE SIGUE DOLIENDO
Este 30 de marzo se cumplen cuatro años de la desaparición de Juan Carlos Woldryk, el peón rural de 30 años que fue visto por última vez en 2022 mientras trabajaba en el establecimiento “El Rincón”, en el partido de Bolívar. Aquel mediodía, el joven se ausentó llevándose únicamente su teléfono celular, dejando atrás su billetera y pertenencias personales. Desde entonces, el caso permanece sin resolución y con ningún avance conocido en el último año, profundizando la incertidumbre que atraviesa a su familia y a toda la comunidad.
Allá por finales de marzo y principios de abril de 2022, en los primeros días tras la desaparición, se desplegó un intenso operativo de búsqueda que incluyó a bomberos, efectivos del Comando de Prevención Rural, policías y personal de Defensa Civil. Se rastrillaron campos, montes y zonas anegadas, incluso con apoyo de kayaks, perros especializados y sobrevuelos en helicóptero. Sin embargo, las características del terreno y la falta de indicios concretos hicieron que todos los esfuerzos resultaran infructuosos.
Con el correr de los días, la investigación incorporó una hipótesis que cambiaría el rumbo del caso: la posible vinculación con una maniobra de sextorsión. Según se pudo establecer, Woldryk habría sido víctima de una organización delictiva que operaba mediante la obtención de material íntimo para luego exigir dinero bajo amenaza de difusión. Este elemento aportó una nueva dimensión al caso, dejando al descubierto una trama compleja que trascendía el ámbito local.
En 2024, se realizaron nuevas acciones judiciales y operativas, incluyendo reuniones entre autoridades policiales, la fiscalía y la familia, con la intención de reactivar la búsqueda mediante tecnología como drones en zonas rurales. También se conoció que personas acusadas de haber extorsionado a Woldryk aceptaron un juicio abreviado, lo que permitió avanzar parcialmente en esa línea investigativa. Sin embargo, lejos de aportar certezas sobre su paradero, estas resoluciones reforzaron la sospecha de que el joven pudo haber sido víctima de un hecho violento.
El caso volvió a tener una breve repercusión nacional el pasado 9 de febrero, cuando la jueza Sandra Arroyo Salgado lo mencionó públicamente durante una conferencia de prensa por otra investigación. Allí lo utilizó como ejemplo del funcionamiento de redes delictivas que operan desde cárceles bonaerenses, destacando que la sextorsión sufrida por Woldryk habría sido organizada desde la Unidad Penal Nº 3 de San Nicolás. La magistrada remarcó el impacto devastador de estas prácticas y advirtió sobre el uso de celulares en contextos penitenciarios como herramientas para delinquir.
A cuatro años de aquel 30 de marzo, la ausencia de respuestas que terminen de conformar sigue siendo el rasgo más claro de esta oscura historia. Detrás del expediente judicial hay una familia que no deja de buscar, que no abandona la esperanza y que continúa exigiendo verdad y justicia. En Bolívar, el nombre de Juan Woldryk no se olvida: permanece como una herida abierta, como un llamado urgente a no naturalizar el silencio y a acompañar, desde la empatía, a quienes aún esperan saber qué pasó y, sobre todo, dónde está Juan.