ENTRE LA CONMOCIÓN, LA BRONCA Y LA EXPECTATIVA: LO QUE DEJÓ LA MARCHA EN BOLÍVAR
La movilización realizada este martes en Bolívar dejó una imagen tan contundente como incómoda. Más de un centenar de vecinos salieron a la calle para repudiar los reiterados casos de envenenamiento de animales que se vienen denunciando en distintos puntos de la ciudad. Fue una protesta mayoritariamente pacífica, atravesada por el dolor, la impotencia y la bronca, que tuvo su punto de partida en el Centro Cívico, pasó por la Comisaría y concluyó frente al Palacio Municipal, donde un reducido grupo fue recibido por la intendente interina Laura Rodríguez.
Probablemente, la convocatoria haya dejado sensaciones encontradas. Por un lado, porque logró instalar definitivamente el tema en la agenda pública e incluso alcanzó repercusión en medios nacionales. Por el otro, porque la asistencia fue menor a la que muchos esperaban. Tratándose de un reclamo sin banderas partidarias ni consignas ideológicas, sino vinculado a la convivencia y a la seguridad de toda la comunidad, era razonable imaginar una participación aún más numerosa.
La manifestación también dejó en claro que el problema trasciende el sufrimiento animal. Durante la marcha, muchos vecinos hicieron hincapié en el riesgo que representa la presencia de sustancias tóxicas en espacios públicos, donde también circulan niños y adultos. El reclamo, entonces, ya no se limita a quienes tienen mascotas o integran organizaciones proteccionistas: interpela a toda la sociedad y obliga a preguntarse qué nivel de gravedad debe alcanzar una situación para convertirse en una prioridad colectiva.


Hubo otro dato que llamó la atención, principalmente porque el pedido fundamental fue el de “JUSTICIA”. La protesta incluyó una parada frente a la Comisaría y terminó en la Municipalidad, pero no pasó por la sede de la Fiscalía, que representa el principal ámbito de actuación del Poder Judicial en la ciudad. Sin desconocer las responsabilidades que puedan corresponder a cada organismo, resulta difícil pensar que la respuesta a estos hechos dependa únicamente de la Policía o del Ejecutivo municipal. La investigación y el eventual castigo a los responsables también forman parte de una expectativa social que quedó expresada en la calle.
Los testimonios de integrantes de SAPAAB, que detallaron la sucesión de casos y describieron el modo en que mueren los animales, aportaron crudeza a una problemática que ya no puede considerarse aislada. Las denuncias se repiten, los episodios aparecen en cualquier parte de la ciudad y la preocupación crece a medida que se conocen nuevos hechos. La sensación de impunidad es, quizás, el principal combustible de la indignación.
La gran incógnita es qué ocurrirá a partir de ahora. Si la marcha fue un hecho puntual, impulsado por la conmoción del momento, o si marcará el comienzo de un movimiento sostenido que mantenga el reclamo hasta obtener respuestas concretas. Ayer, más de un centenar de bolivarenses se expresaron. Será cuestión ahora de escuchar el eco que resuene.

