EL DOLOR DE LO IRREPETIBLE
La derrota ante España fue categórica, incluso escueta en relación al trámite del partido y las incidencias que hubo. Por otro lado, la épica victoria ante Inglaterra ya había dejado en muchos argentinos la sensación de “ya está, con esto estamos”. Sin embargo, me fue imposible escapar a la sensación de dolor y desazón una ver que el árbitro pitó el final del partido.
Pero el dolor no fue por el subcampeonato o por ver cómo los españoles besaban la Copa del Mundo y ensayaban sus pésimas canciones de cancha.
Sentí un dolor de esos que te pasan cuando terminás el secundario y dejás de ver tan seguido a tus amigos, cuando te das cuenta que tus hijos van creciendo y ya no serán bebés o niños, o cuando finaliza un viaje que difícilmente se repita… algo así.
La tristeza fue porque caí en que ya no volveremos a soñar con un Argentina Campeón con Lionel Andrés Messi en la cancha y con la cinta de capitán. Quizás vuelva a jugar algún partido más con la camiseta albiceleste, probablemente lo haga en las Eliminatorias, pero da la sensación de que no llegará a la Copa América 2028, la cual jugaría con 40 o 41 años.
Entonces, fue ahí en que ese final de partido se convirtió también en final de ciclo. Se terminó “La Scaloneta” que conocemos y vendrá otra cosa, que, ojalá, nos siga representando y uniendo. Hasta el propio Scaloni puso en duda su continuidad más allá de diciembre, fecha en que vence su contrato.
El tiempo y la distancia nos darán la posibilidad de valorar lo que ha sido este ciclo, con cuatro títulos y un subcampeonato, y con otros méritos que no son cuantificables.
Este grupo, liderado por un Messi capitán, comprometido, detallista, humano, noble, humilde y único, nos dejó legados que van más allá del deporte. ¿Recuerdan haber visto alguna vez a cientos de miles de argentinos celebrando después de una derrota como la de hoy? Yo creo que no pasó nunca y me animo a decir que difícilmente se repita algo como lo que se vio este domingo en casi todo el país, con la gente reconociendo y agradeciéndole a un equipo que acababa de perder el partido más importante de todos.
Lo que sigue serán un vaivén de emociones. El orgullo por lo bien que nos representaron, el dolor de habernos quedado en la puerta de la cuarta estrella, y la tristeza de pensar que ya nada será igual. Porque lo que le sigue a todo eso es la nostalgia, esa sensación que tendremos toda vez que recordemos haber sido contemporáneos de La Scaloneta.
Pensaremos en todo lo que Messi nos dio y nos lamentaremos el tiempo que perdimos criticándolo por si cantaba o no el himno, si corría más o menos que el resto, si era un rebelde o no, o, peor aún, el tiempo que seguimos gastando en compararlo con Diego, como si algo nos obligara a siempre elegir una sola opción, incluso privándonos de disfrutar que los dos mejores de toda la historia nacieron en estos pagos y vistieron la camiseta más linda de todas.
Siento que se terminó una era y que ya nada será igual, aunque eso no quita que pueda ser mejor. Por todo esto que pasó, solo queda decir GRACIAS, la palabra más obvia pero a la vez inevitable.