A casi una hora de que terminara el partido, la emoción no da mucha tregua, porque el gol de Messi fue desahogo, porque el de Enzo fue un milagro, porque el silbatazo final fue descomprimir una tensión inconmensurable y toda la procesión que iba por dentro. Entonces, uno entiende -y a la distancia comparte- las lágrimas del 10, las del Dibu, las de Walter Samuel y la imposibilidad de expresarse del mismísimo Scaloni.

Haber pasado este partido, incluso en el sentido literal de la palabra, fue sobrevivir.

Debo confesar que, aunque después de que el VAR nos diera una vida más pensé que lo ganábamos, el 0-2 lo sentí como un mazazo y dije “ya está, no lo levantamos más”. Argentina, hasta el gol de “Cuti” Romero fue un equipo anodino, sin variantes, sin velocidad, no había peso en el área y la endeblez defensiva resultaba cada vez más evidente. Con ese semblante, era para mí impensada una remontada.

Pero esta Selección Argentina siempre no da algo más, y Messi, que hasta ahí había acertado muy poquito, volvió a ser el de siempre. Centro para el gol de “Cuti” y remate medio mordido pero consistente para el 2 a 2. Ahí, pasé a tener la sensación de que el alargue era la segunda opción, que el partido se podía ganar antes, porque las cosas siempre pasan por algo.

Y cuando parecía que podíamos perderlo, apareció primero Paredes para meter un cierre extraordinario y cortar un ataque con cara de gol de los egipcios, y después Julián Álvarez, que no aportó prácticamente nada en ataque, pero que curiosamente sí lo hizo en defensa. “La Araña” rechazó una pelota casi en el área propia y metió un pase largo fenomenal para “el otro 9”, Lautaro Martínez, que se vistió de asistidor para un Enzo Fernández que cabeceó como si fuese Lautaro.

Argentina ganó un partido perdido y reafirmó que a los hinchas “no nos van a dejar tirados”, como alguna vez dijo Messi.

Desde lo futbolístico, quedan un montón de cosas por mejorar, empezando por la solidez defensiva, porque hoy nos llegaron 3 veces y nos metieron 3 goles, aunque hayan anulado uno. Además, Scaloni tendrá la difícil tarea de encontrar antes del sábado alguna fórmula que le dé más velocidad en las transiciones y en la circulación de pelota y, principalmente, capacidad de sorpresa, algo que en este mundial sólo está mostrando Messi.

El sábado a las 22 habrá en Argentina un montón de asados, reuniones, juntadas, cábalas, promesas… y un partido de fútbol que valdrá el pase a las semifinales de la Copa del Mundo. Y eso es gracias a este equipo, que lejos de estar en su mejor momento, dejó el corazón en la cancha y nos dejó con vida. Sobreviviendo, algo a lo que en este país estamos bien acostumbrados.

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