EDITORIAL: “NI UNA MENOS”, UN MENSAJE QUE RESUENA
Pasó la marcha del 3 de junio. Por onceava vez, hay un reclamo que no deja de ser necesario. Lo bueno es que después de 11 años el reclamo se sostiene. Lo malo es que el reclamo se tenga que sostener después de 11 años. Lo triste es que parece que estamos lejos del día en que ya no sea necesario sostenerlo.
Desde Qué Pasa en Bolívar cubrí la marcha de la mejor manera posible, ya que no fue un día simple, por ser un día laboral y de muchas actividades familiares, pero estuve ahí, grabé unos videos y los subí a las redes…
A veces se cree que el público que consume tal o cual medio, define un poco el estilo de ese medio. Ojalá no sea el caso. Ojalá que muchos de los lectores de Qué Pasa en Bolívar (al menos la mayoría de los que comentaron esos videos), no lo definan, no ME definan.

“Que raye hermoso“
“Circo Papelito es un poroto“
“Usen velas mejor”, dice alguien que lo único que vio de la marcha fue el momento de los bombos, porque quienes marcharon también llevaron velas.
“Pensaran que los femicidas van a parar después de ver esta batucada?” se pregunta alguien que difícilmente haga algo por parar con los femicidios.
“Los corzos ya pasaron“
“Tiras un jabón y no queda nadie.“
Esos, entre muchos otros, son comentarios de varones.
Sin embargo, hay mujeres que también se expresan:
“son cualquier cosa, vayan con los murgueros“
“Les parece que es carnaval“
“Es un sambódromo“
Señalan mujeres que no fueron a la marcha, que no se expresaron de ninguna manera más que en redes y que, evidentemente, tienen la fortuna de no haber pasado situación de acoso, abuso, agresión, ni, obviamente, han sido asesinadas como tantas otras.
“Nosotras no fuimos a entretener a nadie. Fuimos a acompañar una marcha que habla de una realidad dolorosa. La percusión es nuestra forma de expresarnos y de estar presentes”, dijeron “Las Fuegas”, el grupo de mujeres que llevó adelante la percusión el miércoles y consideraron que “El sonido de los tambores permite visibilizar la presencia de quienes marchan, sostener la energía colectiva y transmitir un mensaje”.
No hay dudas de que los tambores sonaron y resonaron, y que contribuyeron a que se hable del tema. Lo malo es que la gran mayoría aprovechó la situación para desviar la atención del verdadero foco. Las redes hablaron más de tambores que de mujeres acosadas, abusadas, ultrajadas o descuartizadas.
No voy a usar la palabra odio, porque ya quedó demasiado asociada a un partido político. Pero… Cuánta falta de respeto hay en nuestra sociedad, cuántas miserias son sacadas a relucir en el escudo protector de las redes sociales. Qué bueno que aún no se traduzca en acciones más graves. Estamos a tiempo de celebrar eso, como el que cuenta con alivio que lo asaltaron y lo robaron, pero al menos lo dejaron con vida.
Pero, además, cuánta necesidad tenemos de politizar y antagonizar todo.
Hablan de kukas y de zurdas, como si las únicas mujeres que podrían ser acosadas, abusadas o violentadas fuesen estas. Claro, es probable que las personas que escriben eso piensen que por zurdas o kukas esas mujeres que marchan merecerían pasar por esas vejaciones. Pero la realidad es que también habrá mujeres radicales, libertarias y apolíticas que serán asesinadas en el resto del año. Si cada 31 horas hay un nuevo femicidio en Argentina, de acá a fin de año habrá más de 100 chances de que alguna mujer asesinada no sea zurda ni kuka.
“Hoy marchan las que votan al partido cuyo asesino mató a Agostina“, dice otro varón que comenta, refiriéndose a la afinidad peronista de Claudio Barrelier, principal acusado del cruento y escabroso femicidio de Agostina Vega… ese varón que comenta ignora por completo que en la marcha estaba, por ejemplo, la presidente del bloque radical en el Concejo Deliberante.
También ignora, o elige ignorar, que hace 11 años que se marcha. Pasó el gobierno de Macri, de Alberto Fernández y ahora el de Milei. Y se marchó siempre. Está claro que hay una identidad política en esta marcha, como en todas, pero también está claro que no es una cuestión partidaria.
“Minoría, no existen“, espeta otra mujer, que resume otra cuestión clave. Parece que llegó el momento de hacer pelota a las minorías o, mejor aún, ignorarlas. Parece que ese es el sentimiento de algunos.
Qué triste es leer eso escrito por una mujer, que evidentemente no alcanza a comprender que la marcha también es por ella y por todas las mujeres, y que no son minoría, que son mayoría, tanto en proporción poblacional como en estadísticas de muertes por cuestiones de género.
La verdad es que no son pocas las veces que me dan ganas de cerrar los comentarios en las redes sociales, porque no nos hacen bien a nadie. Los que emanan improperios (en el mejor de los casos poniendo nombre y apellido y en otros tantos escudándose cual verdaderos cobardes en perfiles apócrifos) quedan expuestos en sus principales miserias, y los que están en la vereda de enfrente probablemente no puedan evitar sentirse dolidos.
Sin embargo, impedir que comenten sería, quizás, coartar la libertad de expresión. La misma libertad que tienen cientos de mujeres (y algunos hombres también) de expresarse como se les dé la gana y de marchar por su seguridad y por su vida.
A menos que en el país de la libertad, la libertad moleste cuando la ejercen otros.
